viernes, 29 de noviembre de 2024

"No supimos, no pudimos impedir que tanta imbecilidad y tanta mentira contaminaran nuestra mejor voluntad cívica." (Santiago Kovadloff)

       Luego de un tiempo de vacaciones y encuentro con uno de mis hijos y su  familia, regreso al país y me  encuentro –lamentablemente- que las cosas de nuestra cotidiana realidad, poco han cambiado.

Nada extraño encuentro en ello teniendo en cuenta las vivencias que he tenido durante mi dilatada vida en estas tierras, amadas por cierto, pero a la vez tristemente olvidadas por sus habitantes y el resto del mundo.

En todos aquellos extraños lugares a los que he podido llegar, todos me preguntan casi lo mismo: ¿“Qué están haciendo los argentinos?, no llegamos a entenderlos. Disponen de todas las riquezas que la naturaleza les brinda, los recursos con que ella los bendice y tienen un gran espacio físico donde moverse y convivir, pero sus niveles de pobreza y subdesarrollo son alarmantes”.

En la historia de estos últimos cien años tal vez encontremos la explicación, no sin antes despojarnos de todo aquello que no obedezca a un juicio crítico, objetivo, racional y desvinculado de pasiones partidistas, sectoriales y/o similares. En esta investigación y análisis crítico, debe existir una gran dosis de sentido común y libertad de conciencia. Es decir, casi como “pensar en voz alta” y sin provocar el autoengaño al cual habitualmente caemos con absurda propensión.

Hoy me topé con una publicación en las benditas “redes sociales” y la compartí en mi muro personal, tal vez movido por esa pasión de docente que nunca me abandona y que ya forma parte de mi persona. Allí se expresaba lo siguiente:

                                                          “La dignidad es el respeto que debes tener hacia ti mismo, es el valor que te atribuyes como persona. Este auto-respeto te protege de ser utilizado, abusado o manipulado. Poseer dignidad te muestra que nadie tiene el derecho de humillarte, lastimarte o aprovecharse de ti. La dignidad es fundamental para establecer límites en tus relaciones. Por lo tanto, es crucial que te ames a ti mismo, te priorices y restaures tu autoestima. Aunque nadie nos enseño esto, nunca es demasiado tarde para aprender. En última instancia, la dignidad es el amor que sientes por ti mismo.”

Luego de haber publicado este interesante y aleccionador concepto, comencé con mis tareas habituales y, al regresar a mi casa, me instalé a cumplir con un estresante hábito de estos días: “ver los noticieros y ponerme al día con la información de los últimos acontecimientos de este convulsionado mundo que habitamos.

Hace bastante tiempo que sigo una serie de iniciativas que nuestros legisladores intentan llevar adelante, plasmándolas en los correspondientes proyectos de leyes que impiden que esas acciones sean tan sólo “letra muerta” y meras expresiones de deseo (o bien usuales declamaciones de los dirigentes políticos que sólo pretenden ganar voluntades). Estas cuestiones son producto de necesidades, reclamos o problemas que afectan seriamente a nuestra sociedad y, según sea la fuerza o trascendencia de esa problemática, se transforma de inmediato en un mandato social que debe urgentemente dársele respuesta adecuada.

Algunos pocos dirigentes políticos toman ese mandato y tratan de actuar en consecuencia, pero no siempre estas iniciativas “llegan a feliz término” porque siempre deben vencer los intereses sectoriales o de partes que, créase o no, superan ampliamente al interés general de la población. Además, siempre prevalece un “relato partidista y mentiroso” que disfrazado de verdad, nos sume en la confusión y genera en cada uno de nosotros frustración y desasosiego puesto que, “desde lejos”, advertimos los verdaderos intereses que movilizan tales declaraciones. Lo más preocupante, es que desde hace mucho tiempo, venimos “naturalizando” estas situaciones.

Acabo de indicar dos contextos con los cuales tropecé hoy. Uno de ellos es el concepto que arriba he reproducido y el otro se refiere a las noticias (tristes de por sí) relacionadas con la vergonzosa actuación de nuestros legisladores nacionales realizando todo tipo de “maniobras” para evitar el tratamiento de los acuciantes temas que se relacionan con la impunidad de nuestros gobernantes (últimamente muy afectos al cohecho y a las más variada gama de corrupción y delito que puedan imaginarse), también con la necesidad de castigar con mayor severidad los actos delictivos o bien vinculados con aquellos otros flagelos que rompen con la tranquilidad y paz de nuestras familias y en general de todas los ciudadanos.

En una escandalosa sesión de diputados, se frustró nuevamente el tratamiento de distintos proyecto, entre ellos el de “ficha limpia”, el de “reiterancia”, el de “juzgamientos en ausencia” y otros de significativa importancia. Toda esta maniobra viene sucediéndose durante los últimos tiempos con relevante frecuencia y, en todas esas oportunidades, siempre está presente aquel interés sectorial o de parte al que antes hice referencia. He escuchado distintas declaraciones de “nuestros representantes”, tratando de fundamentar su posición o justificar sus tristes actuaciones y, cuando Uds. las puedan apreciar, seguramente van a sentir la misma indignación e impotencia que he sufrido. Solamente están encubriendo espurias negociaciones, que no guardan relación alguna con el relato que pretenden imponernos como verdadero. Estas groseras, pueriles y hasta vergonzosas explicaciones, solamente encubren las indubitables intenciones de la “casta” y de la “no casta”, monstruo de “dos cabezas” con una única intención: engañarnos y convencernos de que lo único que persiguen es el bienestar de los argentinos…

Aquí es cuando toma relevancia aquel concepto que tomé de las redes sociales, la dignidad y entonces viene la pregunta ¿estos legisladores, actuaron con dignidad? o bien, ¿de qué manera estas tristes actuaciones de nuestros “supuestos” representantes, afectan nuestra dignidad?

Dejo librado a vuestro libre pensamiento las correspondientes respuestas. En lo personal ya dispongo de la mía. Además, considero que la mayor preocupación debe centrarse en las causas y consecuencias de esta realidad.

Inicié este escrito presentando lo inexplicable de este escenario, frente a los ojos de aquellos que no conviven con nosotros, pero detrás de esta simple anécdota se esconde una realidad subyacente que no hemos sabido transformar (ni aun podemos realizarlo), en beneficio de nuestra propia sociedad y de nuestras generaciones futuras.

No busquemos culpables y encontremos a los verdaderos responsables.  En lo personal, estoy “persuadido” de que cada uno de nosotros debe hacerse cargo de los que hemos hecho, de lo que no hemos realizado y de lo imprudente (o negligente) de nuestras decisiones. Siempre tengo presente un viejo principio que nos dice que “se es responsable por acción u omisión”, de modo que no tenemos escapatoria “, los únicos que deben responder por lo que nos pasa y por las consecuencias futuras de nuestros actos, somos todos los argentinos quienes, por acción u omisión, construimos este contexto preocupante y no podremos transformarlo hasta tanto asumamos nuestra propia responsabilidad.

Hacer o dejar hacer algo, dispone de la misma dimensión de compromiso con lo que son sus consecuencias. Tal vez una analogía ayude nuestro análisis: “robar o permitir de que se robe, nos pone en el mismo nivel de responsabilidad frente al delito realizado”…

Lo que acabo de exponer, no es otra cosa que una posición estrictamente personal, pero con ello pretendo dejar abierto un camino a la reflexión y al diálogo. Son humildes y sencillos aportes para movilizar vuestro pensamiento crítico y esto lo realizo motivado por las humillantes, vergonzosas y preocupantes actitudes de nuestros gobernantes, de todos los “colores políticos”, quienes más allá de sus aciertos o desaciertos en sus tareas administrativas y legislativas, no pueden lesionar nuestra dignidad como personas ni como ciudadanos comprometidos con nuestro país.

“Todos creemos que debemos proseguir, de una u otra manera, nuestra labor  creadora porque en esa resistencia al avasallamiento padecido vemos no solo una forma de derrotar el desaliento, sino también de preservar el espíritu crítico y el don de la convivencia.”  (La aventura de pensar – Santiago Kovadloff – 2022).-

28/11/2024.

                                                

                                                                      J.L.R.

 

 

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